Sembrando Futuros con Cacao

Cania, participante del proyecto de cacao y madre de cuatro hijos en la comunidad de Awajun

En la región Amazonas del Perú, aproximadamente 5 de cada 10 niños, niñas y adolescentes dejan de asistir a la escuela por motivos económicos o por falta de apoyo de sus familias. Sin embargo, a pesar de las dificultades, el cacao se ha convertido en una fuente de ingresos con la que padres de familia de la comunidad de Urakuza y sus anexos apuestan a la educación de sus hijos e hijas.

La historia de Cania

Cania es madre de un hijo de 17 años y tiene tres hijas de 13, 8 y 4 años. Vive en la comunidad de Kayants, un anexo de Urakuza, y la caminata a la escuela es de unas dos horas de ida.

“Mis hijos estudian a una distancia de dos horas caminando a la escuela, nos levantamos a las 4 de la mañana para que tengan tiempo de caminar para estudiar y yo me quedo con las pequeñas en la casa”

Después de despedirse cada mañana, sale a su finca a trabajar su plantación de cacao. Como participante del programa de cacao, Cania nos dice que ha aprendido a podar, limpiar y fertilizar sus plantas y ahora puede ver los resultados. Cania anhela vender cada vez más para seguir manteniendo a su hijo e hijas.

“Les dijimos [al equipo de Cool Earth] que necesitabamos poda y necesitabamos abono para tener más cosecha y todo eso nos ha ayudado (…) Ahora toda mi chacra está limpia y cosecho más”.

La historia de Néstor

Al igual que Cania, Néstor es otro participante y promotor de este programa, que hoy llega a más de 130 personas y sus familias de las comunidades Awajún de la región Amazonas.

“Hemos cambiado nuestras familias y cómo hacíamos el cacao. Vieron cómo se poda, cómo se cuida, cómo se enseña. Algunos ingenieros que vinieron antes querían enseñarnos cómo funciona el cacao, pero nunca nos habían enseñado como Cool Earth nos enseñó antes. Ahora necesitamos comprar más podadoras”,

Néstor también se levanta muy temprano para ayudar a sus once hijos e hijas a prepararse para la escuela. Después de eso, se pone a trabajar ayudando a más personas de la comunidad a mejorar sus parcelas de cacao.

“En la tarde vamos con mi esposa y mis hijos a la finca y les enseño a cultivar, a hacer crecer el cacao para que cuando crezcan también aprendan (…) El cacao nos ayuda a mejorar la educación de nuestros hijos, por salud, por comida, por eso quiero vender más, estoy aconsejando vender y sembrar más. Sembramos más y queremos cuidar más también”.

Legado futuro

Los hijos e hijas de Cania y Néstor ya sueñan con ser profesionales, y como padres trabajan para darles a sus hijos el mejor futuro posible, cuidando al mismo tiempo los recursos naturales que han heredado como comunidad y en un futuro no muy lejano. futuro también será de ellos.

“El bosque es importante para vivir. Algunos en la ciudad ya no [tienen] lluvia. Aquí, como tenemos un bosque, vivimos felices. El bosque protege aquí”, explica Néstor.

Por su parte, Cania nos recuerda “Si no tenemos naturaleza, ¿de dónde va a salir el viento? Aquí, en cambio, en la selva es hermoso. Siempre necesitamos aire limpio”.

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